Producción de huevos sustentable, escalable, rentable y con gran demanda

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Hace un año y medio que Santiago Debernardi comenzó a concretar el proyecto La Clueca junto a Gustavo Domínguez, un amigo que se había quedado sin trabajo, y Marcela Alvarez con un lema concreto: «huevos contentos de gallinas libres».

Los tres emprendedores están convencidos de que hay una manera diferente de producir, que aseguran proporciona a las gallinas una vida más larga y saludable.

Días atrás, en el marco de la charla organizada por un grupo de Mujeres Rurales Argentinas, Debernardi compartió la experiencia. En un campo ubicado en América, al oeste de la provincia de Buenos Aires, tienen 1.500 gallinas libres de jaula, alimentadas en pastoreo de alfalfa, y que producen 900 huevos con yemas coloradas XL.

Las gallinas pastorean alfalfas y otros tipos de gramíneas al tiempo que reciben maíz y otros granos. “Al brindarle una mejor calidad de vida a nuestros animales aumentamos potencialmente la calidad de los alimentos que ellos producen convirtiendo a nuestros ‘huevos contentos’ en un producto premium”. Bajo esta filosofía llevan adelante la producción de huevos en La Clueca.

Demanda en crecimiento

Si bien en Argentina no hay mucha gente que lleve adelante este tipo de producción, la demanda de este tipo de productos crece a nivel nacional y en todo el mundo.

“Al poquito tiempo de estabilizar la cosecha de huevos, la demanda fue acompañando: entregamos a domicilio en barrios privados, a gente conocida, y a dietéticas”, comentó Debernardi, quien es médico veterinario. Aunque reconoció: “Renegamos bastante con el tema del flete. Tenemos dos o tres días por semana que se hacen recorridos preestablecidos”.

Si de precios se trata, el maple de La Clueca con entrega a domicilio cuesta $420, y en los almacenes los venden a $480 o $500; mientras que un maple de huevos blancos cuesta $280. “Se puede comercializar huevos por todos lados. Nos han consultado desde reconocidos cocineros hasta programas de TV. Pero, la industria gastronómica no está dispuesta a pagar un sobreprecio de calidad”, aseguró Debernardi.

Si bien en verano la producción de huevos es muy buena, la gente consume menos. Según comentó, había barrios en los cuales vendían 30 maples todas las semanas, y en verano, nada. “Por eso empezamos a regalar a un comedor”, comentó.

Arraigo rural

Durante su relato, destacó que producciones como La Clueca tienen un triple impacto (económico, ambiental y social) que ayuda a generar arraigo rural. Ante la consulta del auditorio virtual, respondió: “Lo puede llevar adelante un joven, una mujer, un hombre, y hasta un jubilado. En nuestro caso, Marcela -la esposa de encargado del campo- fue la primera a quien tuve convencer”.

Tener «gallinas libres y producir huevos contentos» implica constancia. No hay feriados, ni domingos, y hay muchas tareas que te demandan atención, como la preparación del alimento. Al respecto, recomendó que es bueno que haya un responsable y alguien más que brinde una mano en algunas situaciones.

“Es un proyecto ideal para escuelas agropecuarias, porque es una manera diferente de producir. Es sustentable, escalable, deja plata, y se puede hacer en etapas. Todo el mundo consume huevo, ni hablar del día que empecemos a exportar”, señaló muy entusiasmado.

Debernardi aseguró que se pueden cosechar huevos sustentables en cualquier zona, y presenta un desafío distinto. “No imagino algo por lo que no se puede hacer”, y ejemplificó: «En Australia hay gente que lo hace con calor, y en Estados Unidos con frío”.

La receta

Más allá de un importante estudio de mercado y de haber visitado una producción similar en Texas y luego en Adelia María, Debernardi confesó que comenzaron con todas las dudas: “Vamos probando y consultando”.

¿Qué compramos? ¿Polla, ponedoras, recriadas o pollitos bebes? “Si haces algo nuevo hay que cortar por lo sano. Compramos gallinas recriadas porque me daban seguridad que venían con la sanidad lista (todas las vacunas)”, resaltó.

Al momento de elegir la raza, comentó: “Lohmann Brown, la colorada típica de campo es la única que conseguí que venía recriada y con buenas referencias”. En este sentido, advirtió que el color de los huevos de las gallinas Lohmann Brown es más consistente y queda mejor presentado, que el de los huevos de gallina raza Inta.

Al respecto, el médico veterinario indicó que las pollas también tienen su período de adaptación: “Vienen de 17/18 semanas criadas en jaulas y las vamos a pasar a otro sistema. Pusimos el carro a la par del galpón con redes eléctricas y fuimos largando de a 100 para que se fueran acostumbrando”.

Después, se fueron con el carro al medio de la parcela con alfalfa, y ahí empezó la famosa dulce espera. Veinte días más tarde, se cosechó el primer huevo del nido, y poco a poco fueron adquiriendo un tamaño más grande, «con una calidad excepcional».

Como mensaje final, reflexionó: “No se necesita una gran inversión para hacerlo. Tenemos que preocuparnos por brindarle comodidad a quienes integran el establecimiento. A veces, es difícil generar trabajo a la mujer del puestero”. (fuente Agrofy News)

 

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